UE debe esforzarse por poder diálogos entre iguales



Según el experto, la restauración del prestigio de la UE y de nuestra iniciativa de Europa como actor geopolítico global pide cambios de política en el interior que tengan presente los intereses de las mayorías sociales y de los pueblos del conjunto de naciones con una agenda concreta que abogue por la optimización de la cohesión.

Aseveró que esa agenda ha de ser marcada en nuestra Europa y orientarse a la reafirmación de las señales de identidad de un modelo que comúnmente ha apuntado al desarrollo, el confort, la solidaridad y la paz.

En los tiempos recientes de importantes cambios geopolíticos y geoeconómicos, centrar el sitio de Europa asimismo pasa por trascender el eurocentrismo y aseverarse como un pilar del sistema en todo el mundo en una coyuntura de intensa mutación global, afirmó.

En la cima del G7 conmemorada del 11 al 13 del mes en curso en el condado inglés de Cornualles, Ríos observó una manifiesta pérdida de ocasión para el diálogo entre iguales y estimó que Europa debería imponer una ruta diferente a la del pasado.

Opinó que «al llamado que vimos ahora solemnizado en la última cima del G7 a un cierre de filas contra China para socorrer la hegemonía de EE. UU., Europa debe oponer una agenda que dé la espalda al resurgir de las políticas del siglo XX que condujeron a un planeta dividido en bloques».

El especialista español ha propuesto que «es hora de admitir los cambios registrados en las últimas décadas y activar un espacio para el respeto, el diálogo y la búsqueda del beneficio mutuo, trazando la arquitectura sistémica de los recientes tiempos».

La pura abducción acrítica por la parte de EE. UU. lleva a la UE a la irrelevancia política en un instante en que su voz mediadora pudiese ser definitiva, advirtió Rios.

Remarcó que muchos son los puntos de confluencia de la UE con EE. UU., pero ello no quiere decir que sea siempre de su interés reeditar las activas de confrontación del pasado ni tampoco resulta comprensible la renuncia a la implementación de políticas edificantes con esos actores con quienes reconoce divergencias sustantivas.

«En los últimos tiempos, la UE se vió perjudicada en su probabilidad frente a la opinión pública europea. Primero fue la crisis financiera de 2008; después, la pandemia. 2 gravísimas coyunturas y sus efectos asoladores perviven. En los dos casos, una administración deficiente derivó en altos costos económicos, humanos y sociales», abundó.

Ríos halló en la jerarquización interior y la clausurada apuesta por políticas neoliberales el aparecer del desapego civil que se manifestó en un contexto de urgencia de populismos de variado signo, incluyendo el propio apogeo del antieuropeísmo.

Señaló que los cambios expertos en Europa y en el planeta desde los años 90 necesitan de todos y cada uno de los actores un esfuerzo de reflexión y adaptación, con sentido de visión para espantar la hipótesis del traumatismo.

«En los últimos tiempos, frente al apogeo del unilateralismo y el proteccionismo en EE. UU., la reivindicación de una autonomía estratégica se atisbó como una alternativa natural y precisa. El cambio de administración en EE. UU. semeja haber eclipsado de súbito ese empeño y Bruselas se enfrentamiento nuevamente entre la procedencia o no de abjurar de su identidad geopolítica», resumió el especialista.

Añadió que, en frente de «esta alternativa emancipadora y edificante», hay quienes abogan por la disolución y la renuncia a desarrollar una visión propia, acomodada a sus intereses estratégicos.

«El día de hoy una cosa, mañana otra, la UE no semeja entender lo que desea», lamentó.

Resaltó que, para la UE, la agenda global pide una puesta en común sobre varios temas, desde el cambio climático a la salud pública mundial, y la urgente identificación de ocasiones de cooperación.

«Es aquí donde la trayectoria de la UE debiese ponerse en valor reconociendo que otros actores, alén de Occidente, tienen la posibilidad de asimismo realizar aportaciones definitivas. Para esto, debe proteger su autonomía y llevar a cabo de ella un signo de su identidad política», concluyó.